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Matilde Cantos Fernández (1898 - 1987)

Incansable luchadora por la justicia y la libertad, Matilde Cantos se implicó  activamente en la política española de este siglo, lo que la llevó de los cargos públicos de la República al exilio, y después a la lucha antifranquista en la clandestinidad.
Defensora de los derechos de las mujeres, fue una rompedora de los moldes tradicionales y una contestataria de los privilegios reservados a los hombres. Por ejemplo, fue la primera mujer en conducir un coche en Granada. Detalles anecdóticos aparte, fue una mujer inteligente y vivamente interesada por el mundo cultural, de modo que asistía habitualmente a todos los actos de interés social, así como a las tertulias ilustradas, en una época en que no era fácil el acceso de una mujer a estos espacios, donde se iniciaría su amistad con Federico García Lorca.
Mientras estudiaba Psicología, colaboraba en el Noticiero Granadino. Se casó muy joven y tuvo dos hijos, que murieron prematuramente. Continuó sus actividades feministas, políticas y culturales. Al separarse del marido, decidió independizarse y marcharse a Madrid, donde terminó Psicología, se especializó en Criminología y se graduó en Ciencias Penales.
Especialmente sensibilizada con el proletariado rural andaluz, sus inquietudes sociales y políticas la llevaron a afiliarse al Partido Socialista Obrero Español. En plena dictadura de Primo de Rivera dio su primer mitin, que versó sobre la superación de las dificultades y la no resignación. Ingresó por oposición como Penitenciarista en la Sección Especial de la Dirección General de Prisiones, siendo pronto nombrada Delegada Técnica del Consejo Nacional de Tutela de Menores.
Durante la República, desplegó una intensa actividad propagandística en favor de la libertad y la democracia. De este modo, en 1933 se integró en el Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, organización popular y feminista de inspiración comunista. Reconocida intelectual, desde su posición profesional y política, fue amiga y colaboradora de personas como Largo Caballero, Julián Besteiro, Victoria Kent, Indalecio Prieto, Clara Campoamor, o Juan Negrín.
Fue compromisaria para la elección de Manuel Azaña como Presidente de la República en Mayo de 1936. Al estallar la guerra civil, Matilde Cantos recorrió el frente animando a los combatientes y dio mítines junto a Rafael Alberti y Miguel Hernández. En 1937, encabezó la delegación del PSOE en el Congreso Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, celebrado en París, a donde regresó un mes después para solicitar ayuda ante la Internacional Socialista y la federación Sindical Internacional.
Nombrada Directora del Instituto de Estudios Penales, en 1938, ejerció de Directora General de Prisiones. Como miembro del Gobierno republicano, sufrió las vicisitudes de éste, y hubo de trasladarse a Valencia y después a Barcelona, desde donde pasó a Francia en febrero de 1939.
El exilio la llevó a París y Marsella, desde donde embarcó a Casablanca (Marruecos) y de ahí a México, donde se instaló en 1941. Allí ejerció como trabajadora social, ayudando a los marginados y a la población indígena mexicana. Asimismo trabajó para la colonia de exilados y para los presos políticos que quedaban en España. Creó en la ciudad de México el Centro Andaluz, que aglutinó social y culturalmente a todos los exilados de la región, así como el Club Mariana Pineda, por medio del cual las mujeres recaudaban fondos que eran enviados a España.
A pesar del peligro, decidió volver a España en abril de 1968. Detenida en Barajas, tras unos días en la Dirección General de Seguridad, fue puesta en libertad. En mayo regresó a Granada, donde se instaló definitivamente, tras un viaje a México, en agosto de 1969.
A partir de entonces, la vida de Matilde, que vivió pobremente en pensiones de tercera clase, estuvo marcada por la clandestinidad política. Alentaba a los jóvenes, en las asambleas universitarias, a luchar contra las injusticias y la dictadura, llegando a hacerse muy popular en Granada. Con la llegada de la democracia, tuvo varias ofertas para presentarse como diputada, pero ella prefirió dar paso a los jóvenes.
Murió en Fuentevaqueros, el pueblo de Lorca, el 24 de noviembre de 1987, en la residencia de ancianos de Los Pastoreros.