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María de la O Lejárraga García (San Millán de la Cogolla, La Rioja, 1874-Buenos Aires, 1974) es una escritora y feminista española. Es también conocida como María Martínez Sierra, seudónimo que adoptó a partir de los apellidos de su marido, Gregorio Martínez Sierra.
María Lejárraga nació en una familia acomodada y recibió una educación que le permitió ejercer de maestra. Sin embargo sus inquietudes literarias chocaban con la sociedad en que creció, cerrada a las mujeres. En 1900 se casó con Gregorio Martínez Sierra, escritor más joven que ella, y publicó sus obras de teatro bajo el nombre de éste. Así, aunque el mérito fuese para él, Lejárraga logró divulgar su obra sin el prejuicio de que una mujer escribiese.
Sin embargo se rumoreaba la verdadera autoría de los escritos. Con los años Martínez Sierra y Lejárraga lo admitieron públicamente, especialmente en el exilio por el auge del franquismo.
Feminista convencida y activa, afiliada al Partido Socialista, estuvo, no obstante, siempre sometida a su marido, en un auténtico estado de explotación, todo por amor. La vinculación de María Lejárraga con Granada fue siempre estrecha, especialmente desde que escribiera, en los primeros años del siglo, su libro "Granada, guía emocional". En 1933 fue elegida diputada al Congreso de la República por Granada y fue designada vicepresidente de la Comisión de Instrucción Pública. La Guerra Civil la obligó a un penoso exilio. Murió en Argentina en 1974.

Lejárraga empezó a dedicarse al movimiento feminista y participó en las asociaciones femeninas que promocionaban la educación de la mujer. En 1925 la compañía teatral de Martínez Sierra emprendió una gira por Europa y América. María dependía del dinero que Gregorio le enviaba de manera irregular a cambio de sus comedias.
Durante la ausencia del marido, la escritora se dedicó al activismo feminista: participó en el Lyceum Club entre 1926 y 1936, y fundó la Asociación Femenina de Educación Cívica en 1931. El mismo año se acercó a las ideas progresistas y entró a militar en las filas del Partido Socialista Obrero Español, lo que luego la llevó a ser víctima de la represión del franquismo y del nazismo, que la obligaron al exilio. Al estallar la Guerra Civil, María fue enviada a Suiza, pero al caer la República tuvo que irse. Se fue a Niza, donde tenía una casita para pasar el invierno. Gregorio, tras una breve estancia en España, se había ido a Buenos Aires y enviaba dinero de modo irregular, hasta que murió de cáncer abdominal en 1947.
La muerte del marido coincidió con una temporada de silencio de la escritora, debida a las cataratas que no le permitían ver. En 1948 María emprendió otra vez su labor creativa, y tuvo que empezar a usar su nombre y establecer su autoría de las obras anteriores, para cobrar los derechos de autor. Además de la pérdida de Gregorio, tuvo que enfrentarse a la derrota de la España republicana, que era para ella el final de un ambicioso proyecto, la desaparición de una comunidad política con la que se había ilusionado y la pérdida del hogar al que no podía volver. Por supuesto, su visión del mundo se había vuelto más amarga, y las obras de la segunda mitad del siglo reflejan su espíritu herido.
En 1950, María vendió la casa de Niza para irse a Nueva York y luego a Hollywood, donde fracasaron los intentos de que aceptaran sus cuentos y comedias. Se fue entonces a Méjico, y al final a Buenos Aires, donde vivió los últimos veinticuatro años de su vida, escribiendo libros, traduciendo comedias, y trabajando para periódicos, revistas y emisoras de radio. La producción literaria de los años en Buenos Aires incluye “Fiesta en el Olimpo y otras diversiones menos olímpicas”, el único volumen de teatro firmado por María y redactado libremente, sin la influencia del marido. La escritora murió en esa misma ciudad, el 28 de junio de 1974.